miércoles, 8 de enero de 2020

TODD WESLEY EMMERT (MANCHAS Y RUIDO # 7)




TODD WESLEY EMMERT (O CÓMO BANANAFISH FUE MI LSD).


(Entrevista aparecida originalmente en Manchas y Ruido #7).


Año 2003. Acababa de conocer a la comuna Alehop! gracias a Ensaladilla Rusa, el grupo noisepunkdélico expansivo en el que toqué con mis mejores amigos esos años. Un día, Olaf, el gran artesano e inventor, me llamó por teléfono para ver si queríamos tocar con Ginferno mientras un colectivo llamado Le Dernier Cri proyectaba sus películas sobre nosotros. Recuerdo que me dijo que esta gente de LDC eran dibujantes y borrachos como nosotros - en ese momento, Ensaladilla era un grupo propulsado por grandes dosis de alcohol y descacharre -  así que aceptamos la invitación encantados. 

Unos días después, estábamos tocando en El Juglar (en esos años, Juglar y Siroco fueron el escenario de conciertos verdaderamente únicos) con los increíbles Ginferno (uno de los mejores grupos del planeta tierra en el 2003) mientras un montón de animaciones dementes y enloquecidas nos envolvían. Esa noche conocimos a Caroline Sury (ahora una de mis artistas favoritas de todos los tiempos) y la editorial de gráfica salvaje subterránea que por aquel entonces llevaba con el imparable y extremado Pakito Bolino. Todo el dinero que salió del concierto lo gastamos en sus libros. Fue una de las grandes epifanías de mi vida. El momento en el que supe que quería hacer un fanzine. HAZ nació inspirado por esa noche y por esos libros politóxicos con olor a disolvente sacados de los sueños más extraños. 
Como es normal en mí, me obsesioné totalmente con LDC. Buscaba entrevistas y fotos con sus responsables y me pasaba el día mirando su ciberdélica página web; libros y libros con imágenes salidas de subconscientes sobreexcitados. 





Un día encontré en una página llamada Aquarius Records (una maravilla, miles y miles de reseñas de todas las músicas imaginables) una revista llamada Bananafish con una portada pintada por Pakito y una entrevista a él y a Caroline en el interior. Vi que tenían varios números más de la revista, todos con portadas hechas por artistas desconocidos para mí que parecían totalmente enigmáticos y fascinantes. Mi economía no me permitía muchos sobresaltos en esos tiempos, así que para probar, decidí que comprar dos números ya estaba bien. Esos dos números fueron la puerta a un gigantesco universo de música y arte subterráneos y a una determinada sensibilidad estética que hizo que mi cabeza explotara en millones de átomos y psicodelizó mi pobre mente más que cualquier otra cosa (excepto quizás Robert Crumb). 

Desorientación absoluta. Colectivos que sacaban ediciones de 15 cassettes pintadas a mano, grupos que convertían a Load Records en un sello “mainstream”, millones de anuncios dibujados con los nombres más increíbles (pura droga visual), muchísimo noise y música inclasificable marginal, jazz extremo, música concreta casera, poesía sonora cruda...todo envuelto en un montón de arte bruto salvaje: Le Dernier Cri, Ota Keiti, Dame Darcy, Andy Ortmann, Christine Shields, Jason McLean, una tonelada de fotografías y dibujos encontrados...y el arte de Todd Emmert. Los dibujos de Todd Emmert eran sin duda una de mis cosas favoritas de esa mágica revista. Tenían un aire psicodélico post-60, pero había algo en ellos que me intrigaba. Algunos dibujos contenían referencias a la cultura popular (Mickey Mouse, Ernie – aquí llamado “Epi”, de Barrio Sésamo) mezclados con lo que parecía una visión fracturada del mundo. Otros eran dibujos abstractos que parecían copiados de la naturaleza de planetas a millones de años luz de distancia. Dibujos y más dibujos hasta que desgraciadamente la revista dio por finalizada su andadura en 2004. Cero información sobre Todd Emmert y toda esa panda de gente lunática que escribía y dibujaba allí con pseudónimos y nombres inventados.



Hace un par de años, durante mi período de imersión en redes sociales, me encuentro en una de esas recomendaciones de amistad a un tal “Todd W. Emmert”. ¡Joder! ¿Será el de Bananafish? Investigo un poco su perfil y sí, debe ser él. Por sus fotos y sus gustos, sería demasiada casualidad que hubiera dos personas con el mismo nombre interesados en el reverso tenebroso del arte y la contracultura subterránea. Nos hacemos “amigos” y me hago seguidor y fan de sus nuevos cuadros, de sus diatribas misántropas y sus posts sobre death metal (es un experto en el tema). Todd parece una de esas personas que aman la música y el arte por encima de todo. Arte como cura, necesidad y salvación. En esta pequeña entrevista le pregunto por algunas cosas que me daban curiosidad, si tienes interés en profundizar un poco más en su universo, puedes escuchar su precioso psych-folk-noise (decenas y decenas de discos) y ver sus pinturas en estos links: 

https://toddwemmert.bandcamp.com/

Inspector 22, su anterior proyecto: 

https://inspector22.bandcamp.com/

Y “Brushes With Life”, película documental de hace unos 10 años sobre ocho artistas (uno de ellos es Todd) con problemas mentales y su relación con el arte.











1. Conocí tus dibujos a través de mi revista favorita de todos los tiempos, Bananafish. Corrígeme si me equivoco, pero creo que empezaste a colaborar con ellos en el número 13 (con portada de Pakito Bolino), ¿verdad? ¿Cómo acabaste involucrado en la revista? He visto que Tedium House distribuye tu música, así que doy por hecho que sí, ¿pero sigues en contacto con esa gente? 

Creo que el primer número en el que metí algunos dibujos fue el 13, sí. Pierdo la noción de los detalles algunas veces. Siempre fui un enorme fan de Bananafish Magazine. Así que simplemente empecé a mandarles cartas, un montón gigantesco de cartas. Creo que se sintieron sobrepasados, y mis disculpas a ellos si alguna vez les puse de los nervios. Estoy en contacto con mi amigo Earl de la revista, pero la verdad es que no tengo ni idea que quién es toda esa gente. Creo que la mayor parte usaba nombres falsos. Ni siquiera sé con quién me comunicaba exactamente en la época. Yo escribía y ellos escribían de vuelta. 





2. Algunos de tus dibujos de esa era se clavaron en mi mente, como el de “Ernie Christ” (Epi Cristo). Hay una fuerte vibración outsider psicodélica en tu arte, ¿puedes contarme algo de tus influencias (no sólo artísticas)? ¿Tomas o tomabas drogas? 

Al principio estaba muy influenciado por Raymond Pettibon y Pushead, pero también por Picasso y Roy Lichtenstein, o al menos por algún aspecto de estos artistas. Sólo diré que no veo el motivo para que ciertas drogas sean ilegales, lo dejaré ahí. También estoy influenciado por cómics, de los que copiaba imágenes cuando era un niño.




3. No hay ninguna manera de ver tus dibujos o pinturas, excepto facebook, creo. ¿Colaboras con alguna publicación en este momento? ¡Sería increíble ver un libro de tus dibujos!


No, actualmente no trabajo con ninguna publicación, pero pinté la portada del nuevo libro de Lisa Carver (Suckdog, Rollerderby zine – NDT). En este momento alguien tendría que pedirme colaborar, ya que yo no lo busco, si es que alguna vez lo he buscado. Trabajé con Bananafish porque parecía todo un mundo loco para mí porque crecí en un pequeño pueblo de North Carolina y ellos respondieron mis cartas. Me encantaría hacer un libro con mi arte, pero como te he dicho, me da pereza buscar eso estos días. Ahora mismo estoy concentrado en la pintura acrílica, rara vez dibujo. 

4. No estaba muy familiarizado con tu faceta musical, pero me mandaste tu último cd y me encantó. He estado escarbando en tu bandcamp y me gustaría conocer tus inspiraciones musicales. No sabría cómo describir tu música. ¿Folk-noise-psych-pop? Sé que recientemente sacaste cosas en el buenísimo sello Chocolate Monk. ¿Sigues involucrado en la escena noise-DIY?

Fue una gran decepción cuando cogí mi primera guitarra eléctrica en mi adolescencia y no sonaba inmediatamente como “Ride The Lightning”, jajaja. Pero eventualmente escuché The Velvet Underground en el instituto y volvió a interesarme tocar música. Cosas como VU, Spacemen 3, The Stooges, el punk de Nueva Zelanda. Comencé a grabar canciones bajo el nombre de Shortman en 1991. No estoy realmente involucrado en ninguna escena, no toco en conciertos de noise ni nada parecido. La verdad es que dejé de tocar en directo totalmente porque mis nervios estaban destrozados. Actualmente grabo todo en casa yo mismo, pero puede que empiece una colaboración con un amigo dentro de poco. Toqué algunas canciones de Inspector 22 con un grupo hace ya años e intentamos grabar algo, pero no funcionó.





5. Imagino que Therapy Tapes es tu propio sello. ¿Has publicado música de otra gente?

Sí, Therapy Tapes es mi sello. Pero realmente sólo lo uso para sacar mi propio material en la actualidad. Publiqué una cinta a un artista noise cristiano llamado Clang Quartet, una cinta de uno de mis mejores amigos llamada Soft Focus Unicorn, y otra cinta y un lathe 7” de un grupo de metal llamado Crucified Mortals. Pero eso es todo, creo.
 

6. Me gustaría saber algo de tu proceso creativo y de grabación. Imagino que grabas tu música tú mismo, ¿no? ¿Has estado alguna vez en grupos o siempre has tocado solo como Inspector 22 y Todd W. Emmert?

Puede que más o menos haya contestado esto en la cuarta pregunta, pero sí, he tocado en grupos desde el instituto, puede que empezara mi último año allí. No he tocado en un grupo en 6 o 7 años. Pero recientemente, me he hecho amigo de alguien con el que puede que empecemos algo. O al menos grabemos alguna cosa.

Mi proceso de grabación es muy simple, grabo una parte repetitiva con la guitarra o empiezo con un sonido de batería repitiéndose en mi teclado, y a partir de ahí voy añadiendo pistas una a una. Uso una grabadora de 8 pistas digital, pero sólo funcionan 7.




7. En la página web de Chocolate Monk hay una biografía tuya que dice: “En 1995 fue diagnosticado con esquizofrenia y hospitalizado. En ese punto perdió su habilidad para crear arte”. ¿Cómo conseguiste volver a la creación artística?

Cuando tuve mi primer brote psicótico, me institucionalizaron y perdí mi habilidad artística, desapareció por un tiempo, pero aprendí a hacer arte otra vez como una forma de organizar otra vez mi cerebro. Porque mi cerebro estaba hecho añicos. Estoy mejor ahora de lo que estaba entonces, en 1995. Los médicos dijeron que hice tanta recuperación en 2 años como otra gente hace en 10 o en toda su vida. No me gustaba estar loco, así que el impulso para recuperarme era muy fuerte dentro de mí. 

8. Muchas gracias, Todd. Si quieres añadir algo más, este es el sitio.

 ¡Espero que tú y tus lectores estéis bien! Cheers and Hails from North Carolina!

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1. I knew about your drawings through my favorite magazine ever, Bananafish. Correct me if I’m wrong, but I think you began to collaborate with them in the 13th issue, right? How did you get involved with the mag? I’ve seen Tedium House distributes your music so I suppose you do, but are you still in contact with those people? 

I think it was issue #13 that I first had some drawings in. I lose track of the specifics sometimes. I was always a huge fan of Bananafish Magazine. So I just started sending them mail, like a whole lot of mail. I think they were overwhelmed, and my apologies to them if I ever got on their nerves. I am in contact with my friend Earl from the magazine, but like, I have no idea who these Bananafish people are at all. I have never met anyone in person. Correction, I am actually Facebook friends with one of the editors. But for the most part everyone was using fake names I think. I just don't even know who all I communicated with back then. I wrote and they wrote back.

2. There are some of your drawings from that era that got stuck in my mind, like the “Ernie Christ” one. There’s a strong outsider psychedelic vibe in your art, can you tell me about your influences (not only artistic)? Do (did) you take drugs?

Early on I was influenced by Raymond Pettibon and Pushead, but also Picasso and Roy Lichtenstein, or at least I was influenced by some aspect of all these artists. I will just say I see no reason for some drugs to be illegal and leave it at that. I am influenced also by comic books, which I used to draw images out of as a child.



3. There’s no way to see your drawings or paintings except facebook, I think...Do you collaborate with any publications at the moment? It would be great to see a book of your drawings!

No, I don't currently work with any publications, but I did just paint the cover for Lisa Carver's new book. Someone would have to ask me to collaborate these days as I don't necessarily search it out for myself anymore, or really ever did. I worked with Bananafish because they seemed like a whole crazy world to me because I grew up in a small town in North Carolina and they wrote me back. I would love to make a book of my art, but again, I am lazy about that stuff these days. I just focus on acrylic painting now, also, I rarely draw anymore.

4. I’ve not been very familiar with your musical side, but you sent me your last cd and I loved it. I’ve been digging through your bandcamp and I’d like to know about your musical inspirations. I wouldn’t know how to describe your music...folk-noise-psych-pop? I know you’ve recently released something in the great label Chocolate Monk. Are you still involved in the DIY-noise scene?

 I was really disappointed when I got my first electric guitar as a teen and didn't immediately sound like "Ride The Lightning", ha. But eventually I heard the Velvet Underground as a senior in high school and got interested in playing music again. So stuff like VU, Spacemen 3, The Stooges, New Zealand punk. I started recording songs in 1991 as Shortman. I am not really involved in any scene anymore, like I don't play noise shows or anything. And actually I retired from playing live entirely because my nerves are shot. I record everything at home by myself now, but I may start a collaboration with a friend sometime soon too. I played some Inspector 22 songs with a band several years ago and tried to record some with them, but it didn't work out.



5. I guess Therapy Tapes is your own label. Have you released music by other people?

Therapy tapes is my label, yes. But I really only use it to release my own material these days. I did release a tape by a Christian noise artist named Clang Quartet, a tape by one of my best friends called Soft Focus Unicorn, and another tape and lathe 7" by a metal band called Crucified Mortals. But that's it I think.

6. I’d like to know about your creative and recording process. I guess you record music by yourself? Have you ever been in bands or you’ve always played alone as Inspector 22 and Todd W. Emmert?

Maybe I sort of answered some of this question in # 4., but yeah I have always played in bands since high school, maybe started my last year in high school. I haven't played in a band for 6 or 7 years now. But recently, I have become friends with someone who I may start a band with. Or at least we will record some maybe.



7. In the Chocolate Monk web page there’s a bio of you that says “In 1995 he was diagnosed with schizophrenia and hospitalized, at which point he lost his ability to create art.” How did you get back to artistic creation?

When I had my first psychotic break I was institutionalized and lost my ability to make art, it was gone from me for a while, but I used learning to make art again as a way to put my brain back together. Because my brain was shattered. I am better now than I was back then, in 1995. The doctors said I did as much recovery in two years that some people can't do in ten or ever. I didn't like being insane, so my drive to recover was strong in me.

8. Thanks a lot, Todd. Anything else you want to say, this is the place. 

I wish you and your readers well! Cheers and Hails from North Carolina!




miércoles, 25 de diciembre de 2019

CÓMICS Y BIBLIA


(Artículo publicado originalmente en Manchas y Ruido # 9).

Cómics y Biblia, ¡qué maravillosa combinación! Por desgracia, es una temática que no ha sido muy explotada en el mundo del tebeo. Ha habido artistas que han incluido temas religiosos en sus historias y han explorado los traumas que la religión ha dejado en sus sufridas psiques (Justin Green, Crumb, Brunetti), algunos han usado la religión como contexto para sus narrativas (Dave Sim), y tantos otros han usado la imaginería religiosa (fundamentalmente cristiana) como blanco de su ira y humor corrosivo (demasiados como para nombrarlos aquí, uno de los temas favoritos del cómic underground).



De niño, mi cerebro estaba carcomido por el miedo a dios, a Jesucristo, a la virgen María, al infierno y a toda esa mandanga. No sé muy bien de dónde venía aquello, ya que en mi casa no era algo que estuviera para nada presente. Había visto una película sobre el milagro de Fátima que me había dejado absolutamente aterrorizado y unas escenas de “Marcelino, pan y vino” que tuvieron en mi cerebro un efecto totalmente traumático. Joder, por si las imágenes de un tipo hecho jirones crucificado no fueran lo suficientemente espeluznantes, ¡además el fulano y su virginal madre realizaban espectaculares apariciones! ¡Y nada más y nada menos que a niños y niñas! Todavía recuerdo el escalofrío existencial que me producía este pensamiento y la de veces que sentí verdadero miedo al encontrarme solo.
Mi abuela sí que era muy religiosa, y tenía su casa llena de imágenes de Jesucristo. Cada cama de la gélida casa, situada en una aldea de Soria, estaba presidida por un crucifijo, y oscurísimos y horribles cuadros de representaciones de Jesús cubrían las paredes. En esa casa y ese pueblo perdido es donde realmente sentí el miedo cristiano. España profunda, violencia contra humanos y animales, misas semanales, confesiones, extraños rituales (un señor en una iglesia lavando los pies de 12 niños descalzos con agua congelada en una palangana), cánticos horribles (con la versión católica de “Blowin’ in the Wind” de Dylan como “greatest hit” eclesiástico), culpa a paletadas e hipocresía pura y dura. Varias veces fui monaguillo y leí en público “la palabra de dios”, unas historias que para mí no tenían ningún sentido, pero que por lo visto yo leía muy bien, ya que siempre era premiado en “El Bar” (misa+bar = binomio inseparable) con un refresco o un helado.
Recuerdo a mi padre en casa leyendo una preciosa edición de la biblia con unas ilustraciones increíbles. Esto me sorprendió muchísimo, ya que mi padre era (y sigue siendo) ateo. Ante mi curiosidad infantil, él me dijo que era un libro muy interesante, y que, al igual que otros libros religiosos (también rondaba por casa el Corán), era bueno leerlos e intentar entenderlos.
Como niño obediente que era, una mañana, cuando toda mi familia todavía dormía, me dispuse a seguir los consejos de mi padre y cogí el libro. Uf... solo su peso y extensión eran suficientes para quitarle las ganas de leer al más pintado, especialmente a un niño de 11 años.
Comenzar por el principio parecía una verdadera locura y una tarea titánica, pero “El Apocalipsis” sonaba bastante excitante. Además, era el último “capítulo” y tenía las ilustraciones más impactantes. Había leído “La Historia Interminable”, “Momo”, “El color de allende el espacio”, de Lovecraft, y un montón de libros infantiles de mitos nórdicos y griegos, por lo que mi mente estaba ávida de fantasía, leyendas, monstruos y magia.
No hace falta decir que no entendí absolutamente nada de ese libro (si es que hay algo que entender de ese galimatías desquiciado), pero sí que se quedaron grabadas en mi cerebro algunas imágenes: 24 ancianos sentados en sus tronos acompañados de cuatro seres llenos de ojos delante y detrás, el jaleo que se monta al abrirse el séptimo sello, las caras humanas en todo tipo de criaturas aterradoras, los ángeles convirtiendo el mar en sangre, y sobre todo la sensación de profunda extrañeza.
Porque la Biblia es un libro realmente extraño. Extraño, increíblemente soporífero muchas veces y contradictorio hasta extremos esquizoides. Pero, sobre todo, extraño.
En mi adolescencia, cuando ya no creía en nada más que en el rock’n’roll, leí los evangelios y algunas otras partes del nuevo testamento. Quería saber de qué iba todo aquello que había jodido mi cabeza durante mi infancia. Pensaba que me iba a encontrar con algo así como “Las aventuras de Jesús y su pandilla”: unos milagros por aquí, unos cuentecillos por allá...vamos, lo que te cuentan de pequeño para que te tragues el bulo.
Cuál fue mi sorpresa cuando me encontré con unos textos todavía más raros. Cortocircuito cerebral. Cada evangelio presentaba a un tipo con una personalidad distinta. A veces parecía un mártir, otras un llorón y otras cuantas el matón del colegio, con unos cambios de humor que ni Dennis Hopper en “Blue Velvet”. En otros pasajes, palabras atribuidas a este simpático personaje parecían carecer del más elemental sentido.
Casi todo el mundo entiende que el antiguo testamento es una colección de revisiones de mitos, leyes hebreas ancestrales e historias morales truculentas: David “recolectando” prepucios de 200 desgraciados en una noche como prueba de amor, circuncisiones a golpe de piedra, osos despedazando a 42 niños por reírse de la calvicie de un tipo, toneladas de incesto, sacrificios humanos, Jonás viviendo 3 días dentro de una ballena (¡igual que Pinocho!) y un dios más parecido a un asesino en serie iracundo que al “padre de todos nosotros”.
Lo que no tanta gente sabe es que el nuevo testamento también es un texto profundamente chocante. Algunos ejemplos:

Jesús realiza un exorcismo a un poseído y manda una legión de demonios dentro de 2000 cerdos que se precipitan a un lago. Tras semejante desaguisado, la gente le pide a Jesús que, por favor, se largue.

A Jesús le entra hambre, se acerca a una higuera a ver si tiene frutos, y cuando descubre que no es así, se coge un berrinche tremendo, la maldice y la seca mediante un milagro destructivo. Luego se va al templo, fabrica un látigo con unas cuerdas y echa a los mercaderes a lampreazos. A la vuelta, comprueba con satisfacción que la higuera está “seca hasta la raíz”.

Tras pasar 40 días y 40 en el desierto sin comer ni beber (¡!), “Jesús tuvo hambre”.

Jesús “avisa” montones de veces de que las personas que no crean en él y no estén con él arderán en el infierno.

En algunos pasajes se habla de “los hermanos” de Jesús: Jacobo, José, Judas, Simón y un número indefinido de hermanas sin nombre. Los expertos llevan años discutiendo si eran hermanos carnales, hermanastros o primos lejanos.

Los escolares y exégetas achacan toda contradicción a matices de traducción del griego, el arameo y el hebreo, haciendo verdaderos malabarismos y encajes de bolillos semánticos para que la idea de Jesucristo como personaje histórico que se dio unos garbeos por el planeta Tierra siga viva. Yo, pobre ateo que arderá eternamente en el infierno, poco tengo que decir de todo este asunto. Lo único que quiero señalar es que el libro más célebre de la historia de la humanidad es un objeto realmente demencial.
Los autores que presento a continuación han llevado ese aire insano y demente al medio de la historieta.




Basil Wolverton. “The Bible”.
Wolverton, uno de los grandes innovadores y genios del cómic. El gran maestro de la deformidad y la caricatura más extremada. En los años 40 creó su legendario personaje “Lena the Hyena”, epítome de su estilo y prehistoria del cómic underground, y en los años 50 desarrolló para las revistas Mad y Panic un trabajo que intoxicó las mentes de cientos de niños estadounidenses. Virtuoso de lo grotesco y la distorsión más repulsiva del cuerpo humano, Wolverton fue, junto a Don Preston, el más moderno de los artistas de Mad y, en mi opinión, el Hieronymus Bosco del mundo del cómic.
La gran sorpresa es que, además de un autor revolucionario, Basil Wolverton era también un profundo devoto religioso que a principios de los años 40 se unió a un culto llamado Worldwide Church of God, del que fue ordenado ministro. Wolverton predicaba las enseñanzas de la Biblia a una pequeña congregación en Portland, y su vez, compaginaba sus cómics “seculares” de humor demente y ciencia ficción con un dedicado y serio trabajo ilustrando el Antiguo Testamento y El Libro de las Revelaciones para revistas y panfletos religiosos (no quiso ilustrar los evangelios porque pensaba que representar a Jesucristo suponía romper el segundo mandamiento).
Pasó 20 años (1953-1974) involucrado en esta tarea, durante los que publicó más de 600 ilustraciones (la mayoría para la revista “The Plain Truth”) que él consideraba su obra más seria y su gran legado.
Es en estos dibujos donde Wolverton reveló su genio y dominio absoluto de la forma y la técnica. Sus maravillosos e intrincados dibujos muestran el amplio espectro de las emociones humanas en todo su esplendor y crudeza. Pocas veces se han ilustrado los desastres bíblicos de una manera tan aterradora (la experiencia de Wolverton dibujando cómics de terror le facilitó la tarea) y a la vez hermosa.
A mediados de los 50 dibujó lo que, para mí y tantos otros fans de Wolverton, es su gran obra maestra, El Libro de las Revelaciones. Una treintena de ilustraciones apocalípticas absolutamente asombrosas y espectaculares que representan catástrofes nucleares, tormentas de aviones de pasajeros cayendo sobre un planeta devastado, tsunamis gigantes y maremotos (Wolverton es un genio dibujando la violencia del mar), plagas de ampollas, volcanes y terremotos, mutantes y, sobre todo, el terror, el sufrimiento y la desesperación de la gente. El Apocalipsis de Durero filtrado por el pánico al holocausto nuclear del siglo XX.
Fantagraphics recopiló en 2009 todo el trabajo religioso de Wolverton en un libro precioso llamado “The Wolverton Bible”, uno de mis libros favoritos desde que cayó en mis manos y, en mi opinión, el mejor híbrido de cómics y religión de la historia. Wolverton soñaba con ser recordado por estos dibujos increíbles y los consideraba su gran legado. Cuando esas imágenes se introducen en tu cabeza es imposible olvidarlas.













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Robert Crumb. “The Book of Genesis”.
Crumb es mi artista favorito desde que lo descubrí a los 21 años. Libros y libros de sus cómics increíbles llenan mis abultadas estanterías. Mis propios dibujos están tan influenciados por él (y por Pascal Doury) que muchas veces me dan ganas de disculparme. Crumb ha sido mi escuela de dibujo, sus imágenes están tan grabadas en mi subconsciente, que cada vez que cojo mi 0.1 y empiezo a dibujar sé que estoy siguiendo inevitablemente sus pautas estilísticas.
Además, Robert Crumb representa el triunfo del marginado. Un tipo inadaptado con serios problemas personales que se convierte en héroe de la contracultura más “in” haciendo siempre lo que le da la maldita gana.
Sus joyas se cuentan por docenas, imposible enumerarlas aquí.  Sus trabajos de finales de los 70 y de los 80 son el mejor catálogo de cómics de la historia, en mi opinión. Dos páginas de Crumb de su era dorada tienen más profundidad y contenido que el 99% de novelas gráficas de los últimos 40 años.
Por eso me cuesta tanto decir esto de su “Génesis”. Por primera vez en su vida, Crumb se involucra en un cómic de gran extensión (hasta entonces no había pasado de la veintena de páginas) y se pasa 4 años ilustrando los 50 capítulos del Génesis versículo a versículo.
Como no podía ser de otra forma con un maestro del dibujo como Crumb, el resultado es gráficamente deslumbrante, pero...tremendamente aburrido. 244 páginas de hombres barbudos apenas diferenciables entre sí. Es cierto que Crumb avisa en el prólogo que el “Génesis” es un libro que para él contiene la palabra de los hombres, no la palabra de dios, y quizás por esto creó una obra tan prosaica.
No me malinterpretéis, Crumb es uno de los pocos autores de cómic tocados por el genio, y poder disfrutar de 244 páginas llenas de sus dibujos es un regalo, pero mentiría si dijera que no he bostezado de hastío intentando hincarle el diente a este libro. Tengo ahora a mi lado el Génesis de Crumb y la Biblia de Wolverton, y comparar el primero con las alucinadas y vibrantes visiones del segundo resulta casi doloroso.
Esta no es una opinión muy popular, y en casi todas las páginas y revistas de crítica de cómic se habla de este cómic como la obra maestra de madurez de Robert Crumb, pero para mí no hay comparación posible con joyas como “Uncle Bob’s Mid-life Crisis”, “That’s life”, “Patton”, “The Religious Experience of Phillip K. Dick” o “Ain’t it nice”.

















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Chester Brown. “Gospels: Mark, Matthew”.
En 1987 Chester Brown emprendió la colosal tarea de transformar los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento en un cómic serial dentro de su revista “Yummy Fur”. Comenzó por el de Marcos (“Mark” en el original de Brown), que terminó en dos años, y siguió con el de Mateo (“Matthew”), que dejó inacabado en 1997.
Tres años antes, Chester Brown había comenzado a publicar una nueva serie llamada “Underwater”, un cómic realmente extraño incluso para sus estándares. El cómic narraba la historia de dos hermanas desde su nacimiento desde el punto de vista subjetivo de una de ellas. Al ritmo al que avanzaba la historia, la cosa iba para largo y presagiaba dejar los 300 números y 27 años de “Cerebus” (cómic del que Brown es un gran fan) en un microrrelato.
Por desgracia, en 1997 finiquitó “Underwater” y los Evangelios al mismo tiempo, cargándose de un plumazo mis obras favoritas del autor de “Ed, the Happy Clown” (uno de los cómics que aplastó mi cabeza hace casi dos décadas).
Chester Brown es un tipo bien extraño. Una persona extremadamente educada y amable (dueño de una de las mayores catástrofes capilares del negocio) que ha dibujado algunas de las cosas más raras e inquietantes del mundo del cómic. Técnicamente, muy poca gente está a su altura, el tipo es un dibujante y narrador entre un millón, un talento natural capaz de realizar virguerías y verdaderos triples saltos mortales en sus cómics. Sus Evangelios forman parte del panteón de cómics más singulares que existen.
Brown se crio como cristiano baptista, aunque por lo visto, su fe va y viene, así que comenzó a dibujar los Evangelios para intentar averiguar cuáles eran realmente sus creencias al respecto. Al contrario que la literalidad de Crumb, la adaptación de Brown se permite algunas licencias, e incluso introduce un polémico texto no canónico, El Evangelio Secreto de Marcos, que en su primer fragmento muestra a Jesús resucitando a un joven en Betania.
Tras completar “Mark”, Chester Brown toma impulso y, mientras está finalizando “Ed, the Happy Clown”, comienza a adaptar el evangelio de Mateo. El evangelio de Marcos es precioso, y adquiere especial valor por ser el único que completó, pero en “Matthew” su estilo y control del dibujo explota, su línea se vuelve más firme y dura, como el propio Jesucristo que representa, y sus dibujos alcanzan cotas elevadísimas de inspiración (su enajenado Juan Bautista y su estremecedora representación de los discípulos son realmente magistrales).

En “Matthew”, Chester Brown realiza una de las más brillantes representaciones del mundo en que supuestamente vivió Jesús. Puedes sentir la pobreza, la desgracia y la miseria de la gente que le rodea. Brown trata esos personajes con un cariño y una empatía sobrecogedora. Uno de los detalles más brillantes de la adaptación es que Jesucristo aparece como un gigante al lado de sus discípulos, que se muestran casi como niños desvalidos y desorientados. Es un gran golpe de efecto que posiciona al lector dentro del mismo plano subjetivo de esa gente que parece no entender bien lo que está pasando con ese hombre que habla extrañas adivinanzas y parece tener poderes sobrenaturales.
Es una tragedia que Chester Brown abandonara algo tan increíblemente precioso y único. La belleza de estos cómics es estratosférica, sus viñetas desprenden una vibración casi etérea, y su maestría inyecta un aura mística y mágica a los textos en los que se inspira. Para mí, junto al anteriormente citado “Ed, the Happy Clown”, representa su gran obra maestra, aunque él mismo esté en total desacuerdo (como dijo hace un par de años cuando estuvo en Madrid).
Desde “Louis Riel”, su fama y reconocimiento se han disparado (merecidamente) y cada uno de sus libros es celebrado como un acontecimiento único en el mundo del cómic. Sus últimas obras son interesantísimas y brillantes, pero yo no puedo dejar de pensar en lo increíble que sería que acabara sus Evangelios. Junto a “Underwater”, conforman una especie de “SMiLE” del universo gráfico y provocan en mí una absoluta fascinación enfermiza por la obra inacabada, siempre llena de misterio y ensoñación.
“María Lloró a los Pies de Jesús”, el último cómic de Brown (también inspirado en pasajes bíblicos), es una pequeña maravilla, quién lo duda. Pero al lado de su adaptación de los Evangelios, se muestra como una perfecta miniatura ensombrecida por una pirámide de 300 metros de altura a medio hacer.
No parece que Brown tenga intenciones de reeditar este trabajo, así que la única manera de hacerse con estos cómics prodigiosos es buscando los números de “Yummy Fur” y “Underwater” originales en el mercado negro. Merece totalmente la pena.




























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 Kim Deitch. “A Shroud for Waldo”. “The Story of Job”.
Al igual que Wolverton, Crumb y Brown, Kim Deitch es otro de los gigantes del cómic, en mi opinión, el mejor artista surgido al calor de la explosión underground de los 60, para mí solo comparable a Robert Crumb.
“The Boulevard of Broken Dreams” y “Stuff of Dreams” (publicado posteriormente bajo el nombre “Alias the Cat”), sus mejores obras, son dos majestuosas catedrales de metaficción visionaria y nostálgia psicodélica, dos libros sin precedentes en la historia del cómic.
Deitch comenzó a dibujar a su legendario Waldo, el gato demoníaco, a finales de los años 60, y lo ha introducido en todas sus grandes obras hasta la fecha.
En 1988, Deitch dibuja para el número 24 de la revista Weirdo una extraña historia llamada “Mrs. Holla and the Magic Ring!”, luego recopilada en el librito “All Waldo Comics”. El cómic, protagonizado por un alcohólico llamado Buster Broun y su hija Edie, no parece tener ninguna relación con el gato Waldo, y para más inri, termina de forma abrupta dejando una enrarecida sensación.  
En 1989, comienza a publicar para el periódico L.A. Weekly una serie llamada “A Shroud for Waldo”, que terminará en 1990. En esta serie se desvela el misterio y la relación de “Mrs. Holla” con la cosmología y el imaginario característico de Deitch, en uno de los saltos narrativos más excitantes que he tenido la oportunidad de leer. Deitch no crea historietas autoconclusivas o series al uso, su narrativa vanguardista conforma un extenso mapa espaciotemporal plagado de puntos de fuga al que va añadiendo detalles cómic a cómic. Una Capilla Sixtina en formato historieta.
No quiero desvelar aquí el argumento de “A Shroud of Waldo”, porque su lectura puede suponer una experiencia única para cualquier persona interesada en el cómic de vanguardia. Es una historia que he releído decenas de veces y continúa dejándome estupefacto. En ella, Deitch revela el origen de Waldo en 50 páginas ALUCINANTES que representan uno de los cómics más extraños e imaginativos de la historia (como ya comenté brevemente en el número anterior de Manchas y Ruido).
Jesucristo, mujeres engendrando espeluznantes criaturas, Judas, invocación de seres infernales en el antiguo Egipto, planos dimensionales que contienen todo lo que el ser humano alguna vez ha imaginado, ángeles y demonios, crucifixiones que salen de estómagos de borrachos...un auténtico delirio, un cómic perturbador, una explosión sin límite de imaginación e ideas.
 Un par de años antes de todo esto, Kim Deitch adaptó el Libro de Job para una recopilación de cómics llamada “Outrageous Tales from the Old Testament”, donde también aparecen Hunt Emerson, Neil Gaiman, Alan Moore y Julie Hollings, entre otros artistas.
La adaptación de esta extrañísima y sádica historia es una pequeña preciosidad fiel al texto bíblico en la que Deitch brilla especialmente dibujando a Satán y al behemot que dios manda a Job para mostrarle su inmenso poder.
“The Story of Job” no es ni mucho menos una de las grandes obras de Kim Deitch, pero es un verdadero placer leer cualquier historia de este genio infravalorado que, a sus 75 años, está en la cima de su talento y fue capaz de superar a tod@s sus compañer@s de oficio en el último número de la antología de cómic de vanguardia Kramers Ergot.


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Rick Griffin.
Uno de los históricos del movimiento gráfico psicodélico y el cómic underground estadounidense. Junto a Stanley Mouse, Victor Moscoso, Alton Kelley y Wes Wilson, formó parte de los llamados “Big Five”, los grandes genios del póster psicodélico, y posteriormente formó también parte del colectivo de revolucionarios que Crumb agrupó en su mítica revista Zap Comix.
Sus ácidas visiones cósmicas cargadas de simbolismo, su sobrehumana técnica y su dominio de la tipografía han permeado en gran parte de la cultura de finales del siglo pasado. “Man from Utopia” y “Tales from the Tube” son híbridos únicos de cómic vanguardista y arte psicodélicos, dos de los artefactos más importantes salidos del estallido underground.
Griffin siempre tuvo fascinación por la imaginería cristiana (entre otras muchas, ya que estaba obsesionado con el poder de los símbolos), e incluyó imágenes de Jesucristo en su trabajo desde sus inicios como uno de los artistas surf definitivos.
En 1970 se convirtió al cristianismo y su arte se transformó cargándose de contenido bíblico.
Sus compañeros de Zap no se tomaron muy bien la iluminación religiosa de Griffin, y Spain, Crumb, S Clay Wilson y Robert Williams llegaron a planear un secuestro para, en sus propias palabras, “traerle de vuelta al redil”.
El arte religioso de Griffin es realmente extraño y singular. Iluminaciones refractadas en una vidriera translúcida de ácido lisérgico. Según Crumb, que admiraba enormemente el arte de su compañero, Griffin “vivía en su propio mundo, o más bien en su propia mitología. Incluso siendo un Jesus freak, estaba en su propia, romántica y enloquecida visión. Aseguraba que la Biblia decía que la Tierra había estado poblada por una raza de gigantes. Cosas así. Creo que incluso encontró referencias al surf en la Biblia – cosas que nadie más veía”.
Uno de sus primeros cómics puramente religiosos fue “For God so loved the world”, publicado en 1974 en Zap Comix # 7, cuatro hermosísimas páginas extrañas y enigmáticas que ilustran de forma heterodoxa uno de los pasajes más conocidos del Evangelio de Juan.
En 1980 publicó para el periódico cristiano The Word of Today sus maravillosas ilustraciones del “Gospel of John”, la cima creativa de su arte religioso, una colección de disidentes interpretaciones centelleantes del Nuevo Testamento. ¡Ojalá todo el arte cristiano fuera tan mágico!
Durante los 80, trabajó como director artístico para el bizarrísimo sello musical Maranatha! Music, y en 1991 publicó un premonitorio dibujo de él mismo postrado a las puertas del cielo bajo moléculas en proceso de formación llamado “Heaven’s Gate”. Poco después moriría en un accidente de moto, truncándose así la obra de uno de los grandes artistas visionarios del siglo XX.